Severo Ochoa de Albornoz, 1905-93) Bioquímico español, n.
en Luarca (Ast.) y m. en Madrid, el segundo español
distinguido con un premio Nobel científico: Fisiología y
Medicina (el primero fue Cajal, medio siglo antes, en
1906).
Estudió medicina en Madrid, en una etapa febril de
integración de conocimientos bioquímicos, y bajo la
orientación del prof. Juan Negrín se centró en el
metabolismo energético, con especial atención a las
moléculas fosforiladas. Doctorado en 1929, pasó a
Heidelberg a trabajar bajo Otto Meyerhoff sobre energética
muscular. En 1931 casó con Carmen García Cobián, y el mismo
año fue nombrado profesor ayudante de Negrín, que le apoyó
ante la Junta de Ampliación de Estudios para que completara
su formación en el Reino Unido y Alemania. De nuevo en
Madrid, al estallar muy pronto la Guerra Civil, Ochoa
aprovechó la coyuntura de 1936 para dejar España por
ambientes más propicios a la investigación. Pasó por
Alemania, luego estuvo en el Reino Unido, y en 1940 pasó a
afincarse en los Estados Unidos (1941, Universidad
Washington de San Luis; 1945, Universidad de Nueva York),
donde el matrimonio Ochoa se naturalizó estadounidense en
1956. Por aquellos años había realizado investigaciones
sobre farmacología y bioquímica,que le valieron la medalla
Bewberg (1951).
Para entonces la bioquímica había dado otro vuelco,
convirtiéndose en biología molecular. En 1953 F. Crick y J.
Watson propusieron para el ADN (ácido desoxirribonucleico)
su modelo de doble hélice, y aunque no se veían por
entonces las consecuencias prácticas, los ácidos nucleicos
pasaron a primer plano. En 1955 Ochoa publicó, con la
bioquímica francorrusa Marianne Grunberg-Manago, el
aislamiento de una enzima del colibacilo que cataliza la
síntesis de ARN, el intermediario entre el ADN y las
proteínas. Los descubridores llamaron
¹polinucleótido-fosforilasaŽ a la enzima, conocida luego
como ARN-polimerasa. En 1956, el norteamericano A.
Kornberg, otro discípulo de Ochoa, demostró que el ADN se
sintetiza igualmente mediante su polimerasa. Ambos
compartieron el premio Nobel en su edición de 1959 por sus
respectivos hallazgos, que supusieron un avance enorme,
pues ya se podía atacar el desciframiento del código
genético, como se hizo muy rápidamente mediante análisis
estadístico de frecuencias, al modo como se descifran otros
códigos y lenguajes desconocidos. Vista la utilidad de la
doble hélice, Watson y Crick compartirían el Nobel de
Fisiología y Medicina en 1963.
Aunque para el gran público el nombre de Severo Ochoa se vincula a su trabajo
sobre ácidos nucleicos y código genético, su investigación fue polifacética,
dentro de una línea de rigor argumental. Estudió la fijación de CO2 por
las plantas, avatares del fosfato en las fermentaciones, utilización de
la glucosa (glucólisis), papel de la vitamina B1, oxidación del ácido pirúvico
y cierre del ciclo de Krebs mediante la enzima condensante que se llamó
de Ochoa.
España quiso recuperar su magisterio, y al efecto en 1971
se creaba para él en Madrid el Centro de Biología
Molecular. Jubilado de la Universidad de Nueva York (1975),
en 1985 regresó definitivamente al país de origen, y en
1987 ingresaba en la Real Academia de Medicina, y fue
nombrado presidente de la fundación Jiménez Díaz; pero el
pronto fallecimiento de su esposa un año antes supuso un
golpe psicológico irreversible. Así, sin merma de
facultades, pero con la moral baja, llegaría a un deseado
final, el 1 de noviembre de 1993.
Cabe preguntarse si la operación Ochoa cumplió su objetivo.
El sabio lamentaba la escasa inversión investigadora en
España, una insignificancia en comparación con su patria
científica, Estados Unidos. Pero no hay que olvidar que los
grandes logros de Severo Ochoa, incluidos los que le
llevaron al Nobel, se realizaron en centros modestísimos,
con técnicas bastante simples; eso sí, en competencia
frente a otros igualmente modestos, pero igualmente
motivados. Es el ambiente intelectual,la masa crítica de
equipos de investigación, la motivación, lo que hace
posible el avance científico. Algo que Cajal soñó sin
llegar a disfrutarlo, y que hoy, tal vez gracias al ejemplo
de Ochoa, se asume en España.