Las anécdotas del profesor

1. Se ha hablado mucho del agnosticismo de Ochoa; no obstante, recuerdo que cuando le dije que él tenía muchas medallas y su esposa no, por lo que había que darle una, y la propusimos para Dama del Santo Cáliz, él no quería, pero ella sí. Cuando D. Severo la acompañó a la ceremonia, se fue animando poco a poco y tomó muchas fotografías; en la que incluimos se puede ver su cara de satisfacción.
2. Recuerdo su nostalgia cuando, ya muerta Dña. Carmen, hicimos una excursión a su chalet de Benidorm para rastrear, creo, sus recuerdos con la excusa de un incierto baúl abandonado. En una de sus visitas a Valencia y, con motivo de las buenas relaciones con el Ayuntamiento, que me había concedido una ayuda a través del concejal Garcés, poco después de mi regreso a Valencia, sugerí crear unas becas con el nombre de Severo Ochoa. Con ese motivo el Profesor Ochoa visitó Valencia y su Ayuntamiento, donde la policía le regaló una copia de la espada del rey Jaime I y más tarde se le nombró hijo adoptivo. Tiempo después, pidió que se cambiara el título de las becas por el de Becas Carmen y Severo Ochoa, como así se hizo. Estas becas ya llevan 25 años concediéndose.
3. Hay una anécdota que algunas veces se ha interpretado mal. Fue en el 25 Aniversario del Consejo Superior de Investigaciones Científicas. Un número de personas fuimos invitados en representación de distintas academias e instituciones científicas. D. Severo representaba a la Academia Nacional de Ciencias. Durante su discurso le volvió la espalda al General Franco, que presidía la solemne sesión. Dña. Carmen se lo recriminó diciendo que no se podía actuar así ante un Jefe de Estado. La verdad es que D. Severo no podía olvidar la Guerra Civil ni los sufrimientos de los españoles, especialmente de su familia; además, era un republicano convencido. Él y Paco Grande pasearon por Madrid, en un coche que tenía D. Severo, la bandera republicana en el primer día de la declaración de la República. Además, D. Severo quería muchísimo a su tío carnal D. Alvaro de Albornoz, que fue Ministro de Justicia y en cuya oficina, como hemos dicho, era pasante Victoria Kent, que fue directora general de Prisiones y más famosa por la canción de "Los nardos ". De todas formas, al terminar la sesión formal salimos al patio y se nos acercó un ministro diciendo que D. Francisco Franco nos estaba esperando. En el grupo estábamos el Premio Nobel argentino D. Bernardo Houssay, el cuñado de Alberto Sols, el Profesor Rodríguez Candela y yo; entonces D. Severo, mirando el reloj, dijo: "Creo que ya se está haciendo hora de irnos". A mí no me gustó, ya que hubiera querido ver alguna vez directamente a Franco, pero nos marchamos y por alguna extraña razón fuimos al Puente de Toledo, que creo quería ver D. Bernardo.
4. En dos ocasiones, y así me lo ha contado el propio rey, no aceptó un título nobiliario que le ofreció Su Majestad, a pesar del afecto que D. Severo tenía por el monarca y viceversa. De hecho, hace muchos años fuimos a visitar al rey los miembros del Colegio Libre de Eméritos, que cuenta con grandes personalidades. Quizás por ello había un poco de inhibición mutua para empezar el diálogo con Su Majestad, que tiene gran habilidad para tranquilizar a sus visitantes. Después de los saludos nadie hablaba. Entonces se dirigió el rey a uno de los lados de la sala en la Zarzuela, cogió un sillón, lo llevó al centro de la estancia y le dijo: "Don Severo, por favor, siéntese". D. Severo se sentó, pero inmediatamente se levantó de nuevo y dijo: "No puedo estar sentado ante Su Majestad", y empezó un tira y afloja entre ambos: "Siéntese usted, por favor”, “No”, “Sí”..., etc. Finalmente, el rey dijo: “Bueno, D. Severo, pues me tendré que poner de rodillas para pedírselo". Entonces el Profesor Ochoa se sentó, los demás nos colocamos a su alrededor y la audiencia se desarrolló con toda naturalidad.

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